lunes, 16 de mayo de 2022

Vuelta por las verdes alturas de Tapla

Mirando atrás, han pasado tres interminables semanas desde la última de nuestras odiseas por las alturas y solo mal llevamos la mitad. Aunque la esperanza de que quizá haya alguna excepción pronto, tampoco nos abandona. Mientras llega ese deseado e inesperado momento, cuadramos el más mínimo hueco para sacar las zapatillas del oscuro armario y tal honor recae en la que se espera como una bonita mañana de domingo con varias ideas sobre la mesa y elegir hasta el último momento cuál .

Con la incógnita de que tal estarán los cuerpos, después de una noche alegre en que la alegría se ha debido contagiar de otr@s abrimos los ojos cuando los primeros rayos de sol entran por la ventana y el despertador ya se ha aburrido de sonar. Bastante decentes, aunque no al cien por cien, vamos preparándonos sin nada decidido pero segur@s de lo que no va a ser. Deshechas las grandes mochilas que teníamos a punto para uno de los planes, ahora ya frustrado, al unisonó montamos esas mochilillas que parecen de juguete y barajamos las opciones más cercanas por el Pirineo.
Todavía indecisos, dejamos a la espalda la civilización y nos encaminamos hacia los más altos valles navarros. Decididos por ir hacia Belagua a levantar polvo por sus sendas y rincones, en el último momento cambiamos de parecer y nos decantamos por ir al Salazar. Sinuosa carretera nos acerca hasta Ochagavia y por una todavía más estrecha, a la par que solitaria, nos va adentrando en los verdes parajes de la selva de Irati hasta recalar en el paso de Tapla. Dominando sobre las bajuras salacencas, reajustamos zapatillas y echamos, sin casi notarlo, las mochilillas  a la chepa; para con poca compañía dar el primer paso de una pequeña vuelta por un primaveral pirineo.

No teniendo oportunidad de entrar en calor poco a poco;
de buenas a primeras tiramos todo tieso por el extremo
más occidental de la Sª de Abodi, siguiendo la GR11
por mullidos pastos verdes a la vez que nos alzamos
unos pocos cientos de metros sobre las tierras del Salazar ...
... y devorando la mayor rampa de la vuelta nos plantamos en el cordal de Abodi,
donde el Orhi se encuentra oculta entre nubes .
Por las verdes y coloreadas lomas de la Sª de Abodi ...
... con vistas sobre la gran selva de Irati y los dominios meridionales del Orhi,
con multitud de pequeñas alturas y barrancos ...
... mientras al otro lado se extienden a los lejos las tierras prepirenaicas
 y aquí a nuestros pies los parajes compartidos entre Salazar y Aezkoa ...
... avanzamos en soledad por la divisoria sin grandes esfuerzos ni perdida posible, dejando atrás las cumbres más cercanas al océano y dirigiéndonos hacia el
dosmil más occidental de la cordillera ...
... llegando rápid@s y sin hacer ni pizca de hambre
a la cima de Abodi Occidental(1496 m).
De pasada por la cima, seguimos en el mismo rumbo y con todavía menos esfuerzo
 caemos hasta el paso de las alforjas, donde 
abandonamos la GR11 y tomamos el
SL-NA 68 entre curiosas formaciones 
geológicas y un enorme menhir tumbado.
Foto de Leyre
Volviendo la vista atrás, a media ladera y por rastros
que no parecen ni senda empezamos a recorrer la vertiente
protegida de los frescos vientos ...
... no tardando en sumergirnos en el bonito hayedo y en un continuo perseguir de marcas verdiblancas, cuesta abajo y sin frenos para ir deshaciendo lo que habíamos recorrido de la Sª de Abodi ...
... y que nos devuelve demasiado pronto al paso de Tapla
que se va viendo amenazado por nubes que vienen del norte.
Todavía con cuerda para más, tiramos en la dirección contraria de Abodi empezando en  breve llaneo por el SL-NA 67 y sobre verdes pastos, sin perder de vista las marcas, nos acercamos con poco esfuerzo y abordados por miles de bichos a las faldas de la tachuela que se alza sobre las aguas del Irati ...
... subiendo por una rampilla final lo que más se hace notar entre piedras
 y alfombra verde a la cima de Goñiburu (1496m),
 dominando sobre la famosa selva navarra.
Foto de rigor en el alto de Goñiburu (1460 m).
Antes de que la cosa pueda empeorar y con un viento que por momentos invita a plegar; rapid@s hacemos caso y todavía mucho más, bajamos levantando polvo por la senda de Goñiburu de vuelta al paso de Tapla donde ponemos punto y final a la vuelta y a la mitad del mes.. aunque tan solo haya pasado la primera semana.
Foto de Leyre
8 mayo '22
🗻Del Rio🗻

viernes, 6 de mayo de 2022

Corriendo por Costa Quebrada: Arnia- El Matadero

Se dice que si lo bueno es breve, dos veces bueno. .pero seguimos sin verlo y  cuando más agusto estas, el final de la aventura improvisada llama a la puerta. Las montañas entre Cantabria ,Burgos y Palencia, su escasa nieve, las aguas del Ebro y las deliciosas tentaciones típicas de estas tierras que algunas se viene con nosotr@s acaban a la espalda y ponemos rumbo a casa con todavía un día de por medio y un último destino. Queriendo complacer a todos los gustos, cambiamos radicalmente de paisaje.. de la montaña al mar, recayendo a la hora de "planchar la oreja" por Liencres.

Movida o más bien "mosquita" noche nos lleva hasta el comienzo de un amenazante día gris, que no es capaz de impedir que nos calcemos las zapatillas al punto de la mañana. Sabiendo que tal y como se presenta el escenario, resulta poco apetecible para ir a la playa, nos lo podemos tomar con relativa calma. Tras un acopio de mas "tentaciones" (sobre todo dulces por si no teníamos suficientes) en la pequeña despensa; guiados por carteles y lo que canta el móvil, marchamos por las estrechas callejas de Liencres y carreteruchas entre verdes campos con lo que nos plantamos en la playa de Arnia.
Direct@s y resistiendo el llenar el buche, terminamos de ponernos "guap@s" y saltamos como "visitantes" al terreno de juego sumido en una tranquilidad solo interrumpida por los ruidos de la naturaleza.

A los cuatro pasos de salir, nos asomamos sobre las frías aguas cantábricas y las peculiares formaciones rocosas, trabajadas por agua y viento cual esculturas dignas del mejor de los museos, de la playa de Arnia nos cautivan por largo y solitario rato. Casi quedando medio "congelad@s", decidimos ponernos
 las pilas
un poco a regañadientes y arrancar de verdad.
Foto de Leyre
Fuertes echamos a desgastar la suela de las zapatillas y alejándonos de
 la playa de Arnia, avanzamos en casi llano a la par de los acantilados
entre mucho verde y algo de colorido ...
... pasando junto a un bufón, que es difícil no verlo ...
... mientras las alturas, aunque pequeñas y no
por mucho rato, siguen robando nuestra atención ...
... y no tardando en caer de nuevo al nivel del mar, en la playa de Portío;
desde la que se ven más murallones quebrados que sobresalen de las aguas.
Rodeados por un lado de peculiares parajes costeros
que oye también tienen su encanto como las alturas ...
... mientras al otro domina un
ambiente primaveral y florido ...
Foto de Leyre
... con demasiada civilización cercana, seguimos recorriendo el sinuoso sendero sin apenas desnivel que haga sudar y viéndonos obligad@s a sortear un pequeño tramo ,en que el suelo ha caído al mar, entre callejas y con alguna que otra equivocación ...
... recalamos con olor a "chamusquina" y  "señales de humo",
en la playa de Somocueva ...
... no parando demasiado en ella, y desviándonos
un poco del camino original a un abrupto saliente
desde el que contemplamos lo poco que
nos queda ya de recorrer la costa quebrada.
De nuevo en la senda litoral, dejando atrás la civilización que nos ha acompañado durante todo el rato, sin apenas cansancio le entramos a las mayores cuestas del recorrido y apretando un poco a la maquina sobre verde alfombra ...
... coronamos de pasada una discreta altura costera ...
... y por la vertiente contaría, seguimos para abajo hasta la amurallada playa del matadero, donde por esta vez ponemos fin a la ida.. aunque lo que se ve más hacia allá tiente a seguir. Alguna escusa tenía que quedar para volver.
Foto de Leyre

Por un rato tomamos asiento en lugar cómodo y disfrutamos a placer.
Casi sol@s por completo escuchamos el romper del oleaje, contemplamos
 el vuelo de gaviotas y el admirable entorno que nos rodea; echando a la
vez algo ligero al cuerpo como desayuno y combustible para la vuelta
que el tiempo va pasando y la cruda realidad se acerca.
Antes de que se deje notar demasiado jaleo turístico, levantamos asentamiento y venciendo a la pereza echamos a correr  por los mismo caminos, bahías, cabos y playas que ya habíamos pasado pero desde la perspectiva contraria ...
... y a toda pastilla volvemos para atrás hacia la playa de Arnia como primer y bonito final; siguiendo después más, todavía mucho más al Este para llegar al destino final en el que despedimos estos buenos días sacados de la manga y las largas aventuras hasta las proximidades del verano.
Foto de Leyre
18 abril'22
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