miércoles, 21 de abril de 2021

Trail de las "singularidades rocosas" de Urbasa

Si un caramelo a las puertas de un colegio dura poco, estos buenos días todavía lo han echo menos. Aunque bien exprimidos, todavía nos quedan algunas "gotas" que no vamos a desaprovechar y asentados en el alto de Lizárraga, en un ambiente por momentos más frío, enlazamos sin intermedio una aventura con otra. 
Degustada una recompensa que sabe a la altura de los manjares de restaurantes con estrellas Michelin e intentando ver la actuación vespertina del astro, frustrada n su mayoría por los nubarrones que invaden el horizonte, el punto y a parte es inminente. Mientras a la par empiezan los primeros trazos de la última aventura de estos días , quedando con dos buen@s amig@s para la vuelta que se avecina y cuándo ya no hay quien paré en el oscurecido mundo, nos "encapsulamos" a la espera de que suene el despertador antes de ver de nuevo el sol.

Potente helada junto a su inseparable compañero "el frío del carajo", nos despiertan dando ganas de no asomar ni un pelo fuera del saco. Remoloneando un poco con motivos, acabamos saltando del catre directos a las vestimentas a temperatura ambiente y sin parar de movernos, como si fuese una danza ritual, nos ponemos al alcance del pobre calor que desprende el hornillo cargado con la dosis mañanera que nos da energías antes de partir.
Todavía en el puerto tenemos un peculiar calentamiento rascando el hielo de los cristales y cuánto antes bajamos a las faldas de Urbasa, al encuentro con Yoli y Aitor. Casi compaginados llegamos al pueblo de Lizárraga y rápidos nos organizamos. Yoli y Leyre marchan de nuevo al alto del puerto, para desde allí comenzar su vuelta hacia el interior de Urbasa; mientras en el fondo del valle de Ergoiena nos colocamos en línea de salida.

Mano a mano con Aitor , a ritmo como si nos persiguieran, dirigimos nuestros pasos en busca de las alturas de Urbasa por el amplio camino del viejo puerto de Lizárraga ...
... topando más o menos a mitad con la vertical pared
que cae del alto de San Adrián ...
... marcándonos el desvío a territorio más "salvaje"  que entre hayas y peñascos, nos lleva a afrontar lo más potente de la subida intuyendo entre los brotes verdes de las ramas como el valle va quedando abajo ...
... a la vez que nos acercamos a los agresivos farallones rocosos, que atravesamos por las estrecheces de la brecha de Arrangarte ...
... y salimos, tras un buen apretón de casi medio KV, a los rasos de Urbasa.
Ni haber recuperado el aliento y seguimos a montar sobre el fácil y "roqui-herboso" cresterío de Ollide hacia "la frontera" entre las Sª de Urbasa y Andía ...
... al encuentro de las chicas; pero siendo ellas más rápidas, nos encuentran antes y con el arco de Portupekoleze ya pasado. Cambio de planes y queda para la vuelta.
Una vez reunidos los cuatro, por la pista del alto de Lizárraga llaneamos de vuelta a la brecha de Arrangarte, espectacular rincón que algunos no nos importa visitar otra vez y no podía quedar en el tintero de nadie. Aitor, Yoli, ☝️ y Leyre sobre el peculiar "tajo" .
Foto de Aitor
Pegados a la línea vertical que cae hacia Ergoiena ...
... partimos del perfecto corte, avanzando sobre disimulada cuesta herbosa por el cordal de San Adrián sin equilibrismos sobre el vacío y a la vera de los ejemplares más norteños de su hayedo ...
... apareciendo frente a la ermita en buen momento, 
con la chimenea echando humo.. de algún manjar?
Cuatro pasos, alejándonos de la ermita, nos llevan a los buzones
que marcan la cima de San Adrián ( 1115 m).
Foto de Leyre
Quedando "San Donato" y Ergoiena a la zaga ...
... y al Sur las profundidades de Urbasa donde apenas destaca ninguna mole, pero tras ella lo hacen las abruptas Sª de Kodes y Cantabria ...
... continuamos hacia el Oeste en sinuoso y poco exigente ascenso sobre rocosos pastos y algún arbolado aislado, siguiendo marcas de GR parejos a La Barranca y  la Sª de Aralar ...
... pasando sin pena ni gloria por la segunda cima del día,  Baiza (1183 m) ...
... y asaltando de forma inusual la última de las elevaciones del abismal cordal , bajamos a buen ritmo por la vertiente contraria de la mayor altura de esta zona de Urbasa ... 
Foto de Yoli
... hasta acabar en las peñas de Iruaitzeta, cuya cima pasa directa a segundo plano
 porque en estas alturas no buscamos una "conquista".
Asomándonos al abismo donde se extienden herbosos toboganes que caen hacia Bakaiku; vemos alzarse en ellos el motivo de llegar hasta aquí y otra impresionante obra de la naturaleza, Los ojos de Iruaitzeta.
De cabeza" y echando pasos firmes por las pisadas rampas verdes, que no dan demasiada confianza, bajamos por el lado Sakanikola de Urbasa ...
... impregnándonos en soledad absoluta de la magia de este "escondido" lugar; donde los arcos son los grandes protagonistas, pero todo el entorno es puro espectáculo.
Foto de Leyre

Finita la visita cuando empieza a venir la gente, Aratz y la Sª de Aizkorri como fondo ...
... y "el buque" de Ihurbain-Beriain" ahora en el horizonte,  regresamos hacia el extremo oriental de Urbasa, evitando lo grueso de las rampas de Baiza, corriendo por verdes y mullidos pastos hasta los pies de San Adrián ...
Foto de Leyre
... que rodeamos por buena pista entre espeso bosque de hayas
 rumbo tod@s al alto de Lizarraga ,
viendo y sintiendo "la masiva invasión" de estos parajes ...
... sirviendo a la vez para encauzarnos sin posibles dudas al famoso y peculiar arco de Portupekoleze.
De nuevo nos dividimos. Mientras ellas en un periquete ponen fin al recorrido llegando al puerto, nosotros deshacemos el camino en dirección contraria bajo el combinado cresterío de hierba y roca de Ollide en busca del "paso débil" en el aserrado cordal.
Por tercera y última vez nos plantamos en la brecha de Arrangarte, por la que salvamos las verticales paredes N de Urbasa  ...
... a cuyos pies "soltamos frenos",  afrontando un rápido bajadón serpenteando entre el hayedo y el antiquísimo camino del puerto viejo de Lizarraga; acabando el recorrido de los singulares arcos de Urbasa , de vuelta en el pueblito de Lizarraga y pensando en lo bueno que nos hemos ganado sentados a una mesa. 


Foto de Aitor











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